Mostrando entradas con la etiqueta POESÍAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta POESÍAS. Mostrar todas las entradas

1/12/08

WILLIAM BLAKE

William Blake, poeta, grabador y pintor londinense merece ser situado como el autor más importante del Prerromanticismo inglés.
Dos rasgos son dignos de señalarse en la obra de Blake: su originalidad y el empleo de símbolos. Pero, si tenemos en cuenta la naturaleza enfermiza de nuestro autor, quien desde muy temprana edad –ya a la de cuatro años se le había aparecido Dios en su ventana– mantenía coloquios con escritores y filósofos –Moisés, Homero, Milton, Dante...– de otros tiempos, como si de sus demonios familiares se tratara, debemos ser cautos a la hora de valorar estas dos notas de Blake, pues no faltarán ocasiones en que esa originalidad y ese simbolismo se conviertan en algo absolutamente personal, extravagante, deforme y privado de valor poético, hijos inevitables de sus alucinaciones mentales.
Con todo, a pesar del exceso de originalidad, a pesar de que resulte en muchas ocasiones oscuro, a pesar de que seamos incapaces de desentrañar el sentido de sus fantasías o de la ampulosidad y la incorrección de que adolece en ocasiones, Blake resulta siempre atractivo y conmovedor a causa de un cierto encanto y misterio más allá de lo natural que aureola su obra.
Seguidamente pueden leerse dos composiciones. La primera de ellas, «El niño negro» («The Little Black Boy») pertenece al libro Canciones de Inocencia (1789). La segunda, «El tigre» («The Tiger), poema considerado como uno de los mejores de Blake, a su obra Canciones de experiencia (1794), que se une en un mismo volumen a la anterior. Pueden leerse ambas en William Blake, Canciones de Inocencia y de Experiencia, ed. bilingüe de José Luis Caramés y Santiago González Corugedo, trad. de José Luis Caramés y Santiago González Corugedo, Madrid, Cátedra, col. Letras Universales 68, 2003, págs. 74-75 y 132-133.


EL NIÑO NEGRO
Me parió mi madre en las selvas del sur,
y soy negro, pero ¡ay!, mi alma es blanca;
blanco como un ángel es el niño inglés,
mas yo soy negro, como privado de luz.
Me enseñó mi madre debajo de un árbol,
y sentándose antes del gran calor del día,
me puso en su regazo y me besó,
y señalando hacia el este comenzó a decir:
«Mira el sol naciente: allí vive Dios,
y extiende su luz, y envía su calor;
y flores y árboles y bestias y el hombre reciben
consuelo en la mañana, júbilo a mediodía.
Y ponemos nosotros en la tierra un corto espacio
donde podamos aprender a tolerar los rayos del amor;
y estos cuerpos negros y este rostro quemado por el sol
no son más que una nube, y como una arboleda sombría.
Pues cuando nuestras almas hayan aprendido a soportar el calor
se esfumará la nube; escucharemos su voz
diciendo: “Salid de la arboleda, mi amor y mi cuidado,
y en derredor de mi tienda de oro alegraos como corderos”.»
Así habló mi madre, y me besó;
y así le digo yo al niño inglés:
cuando yo de la negra, y él de la blanca nube estemos libres,
y en torno a la tienda de Dios como corderos nos alegremos,
yo le protegeré del calor, hasta que soportar pueda
el estar recostado con alegría en las rodillas de nuestro padre,
y entonces me pondré en pie y acariciaré sus cabellos de plata,
y seré como él, y entonces él me amará a mí.


THE LITTLE BLACK BOY
My mother bore me in the southern wild,
And I am black, but O! my soul is white;
White as an angel is the English child:
But I am black as if bereavd of light.
My mother taught me underneath a tree
And sitting down before the heat of day,
She took me on her lap and kissed me,
And pointing to the east began to say:
Look on the rising sun; there God does live
And gives his light, and gives his heat away
And the flowers and trees and beasts and men recieve
Comfort in morning joy in the noon day.
And we are put on earth a little space,
That we may learn to bear the beams of love
And these black bodies and this sunburnt face
Is but a cloud, and like a shady grove.
For when our souls have learn'd the heat to bear
The cloud will vanish, we shall hear his voice
Saying: come out from the grove, my love & care,
And round my golden tent like lambs rejoice.
Thus did my mother say and kissed me.
And thus I say to the little English boy
When I from black and he from white cloud free,
And around the tent of God like lambs we joy,
I’ll shade him from the heat till he can bear
To learn in joy upon our fathers knee.
And then I'll stand and stroke his silver hair
And be like him and he will then love me.


EL TIGRE
¡Tigre! ¡Tigre! Ardiente resplandor
en las selvas de la noche;
¿qué inmortal mano o qué ojo
pudo enmarcar tu temida simetría?
¿En qué lejanos abismos o en qué cielos
ardía el fuego de tus ojos?
¿A qué alas osaba aspirar,
qué mano osó coger el fuego?
¿Y qué hombros, y qué arte
pudieron retorcer los nervios de tu corazón?
Y cuando tu corazón comenzó a latir,
¿qué temible mano?, ¿y qué temidos pies?
¿Cuál fue el martillo?, ¿cuál la cadena?
¿En qué fragua cayó tu cerebro?
¿Cuál fue el yunque? ¿Qué temible abrazo
osó sujetar sus terrores mortales?
Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas,
y regaron el cielo con sus lágrimas,
¿acaso sonrió al ver su obra?
¿Acaso quien creó el Cordero te creó a ti?
¡Tigre! ¡Tigre! Ardiente resplandor
en las selvas de la noche;
¿qué inmortal mano o qué ojopudo enmarcar tu temida simetría?

THE TYGER
Tyger Tyger, burning bright,
In the forests of the night;
What immortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?
In what distant deeps or skies
Burnt the fire of thine eyes!
On what wings dare he aspire,
What the hand dare sieze the fire?
And what shoulder, & what art
Could twist the sinews of thy heart?
And when thy heart began to beat
What dread hand? & what dread feet?
What the hammer? what the chain,
In what furnace was thy brain?
What the anvil? what dread grasp
Dare its deadly terrors clasp?
When the stars threw down their spears
And water’d heaven with their tears,
Did he smile his work to see?
Did he who made the Lamb make thee?
Tyger Tyger, burning bright,
In the forests of the night;
What immortal hand or eyeDare frame thy fearful symmetry?

18/9/08

LA PANTERA, por Jorge Luis Borges (poema)


Tras los fuertes barrotes la pantera

repetirá el monótono camino

que es (pero no lo sabe) su destino.

De negra joya, aciaga y prisionera

son miles las que pasan y son miles

las que vuelven, pero es una y eterna

la pantera fatal que en su caverna

traza la recta que un eterno Aquiles

traza en el sueño que ha soñado el griego.

No sabe que hay praderas y montañas

de ciervos cuyas trémulas entrañas

deleitarían su apetito ciego.

En vano es vario el orbe. La jornada

que cumple cada cual ya fue fijada.


de " El oro de los tigres "

5/9/08

MARK TWAIN: LA ORACIÓN DE GUERRA

Fue una época de gran exaltación y emoción.
El país se había levantado en armas, había
empezado la guerra y en cada pecho ardía el
fuego sagrado del patriotismo; se oía el redoble
de los tambores y tocaban las bandas de
música; tiraban cohetes y un montón de fuegos
artificiales zumbaban y chisporroteaban.
Allí abajo, a lo lejos, de las manos, tejados y
balcones, ondeaba al sol una espesura de
banderas brillantes. De día, por la ancha
avenida, los jóvenes voluntarios desfilaban
alegres y hermosos con sus uniformes; a su
paso los orgullosos padres, madres, hermanas
y enamoradas los vitoreaban con voces
ahogadas por la emoción. De noche, en las
concurridas reuniones se escuchaba con
admiración la oratoria patriótica que agitaba lo
más hondo de sus corazones, y que solía
interrumpirse con una tempestad de aplausos,
al tiempo que las lágrimas corrían por sus
mejillas. En las iglesias los pastores predicaban
devoción a la bandera y al país, y en favor de
nuestra noble causa imploraban ayuda al dios
de las batallas con una elocuencia tan efusiva y
fervorosa que conmovía a todos los oyentes.
De hecho, era una época próspera y alegre, y
los pocos espíritus temerarios que se
aventuraban a desaprobar la guerra y a
albergar alguna duda sobre su rectitud,
enseguida recibían un castigo tan duro y
severo que, para su propia seguridad,
inmediatamente retrocedían espantados y no
volvían a ofender en ese sentido.
Llegó el domingo por la mañana. Al día
siguiente los batallones partirían hacia el frente;
la iglesia estaba a rebosar. Y allí estaban los
voluntarios, con sus rostros iluminados por
visiones y sueños milicianos. ¡El austero
avance de tropas, el ímpetu incontenible, el
ataque desenfrenado, los sables relucientes, la
huida del enemigo, el tumulto, el humo
envolvente, la búsqueda feroz y la rendición! ¡Y
luego, de regreso al hogar, los héroes
condecorados, bienvenidos, venerados,
inmersos en un mar de oro de gloria! Al lado de
los voluntarios se sentaban sus seres queridos,
orgullosos, contentos y envidiados por los
vecinos y amigos que no tenían hijos o
hermanos a quienes enviar al campo de honor,
para vencer por la bandera o, caso contrario,
sucumbir a la más noble de las muertes nobles.
El servicio religioso continuó. Se leyó un
capítulo del Antiguo Testamento sobre la
guerra y se rezó la primera plegaria, seguida de
un estallido del órgano que sacudió el edificio.
Y de un impulso la congregación se levantó con
brillo en los ojos y latidos en el corazón: «¡Dios
Todopoderoso! ¡Tú que ordenas, el trueno es tu
trompeta y el rayo tu espada!».
Después vino la oración larga. Nadie recordaba
algo semejante por lo apasionado de la súplica
y lo conmovedor y bello de su lenguaje. En
esencia, la oración pedía al Padre de todos
nosotros, benigno y siempre misericordioso,
que velara por nuestros nobles y jóvenes
soldados y les proporcionara auxilio, consuelo y
ánimo en el afán de su patriótica tarea; que los
bendijera y protegiera con Su poderosa mano
en la batalla; que los fortaleciera y les diera
confianza para que fueran invencibles en el
ataque sangriento; que les ayudara a aplastar a
l enemigo y les concediera, tanto a ellos como
a su patria y su bandera, la gloria y el honor
imperecederos.
Un anciano extraño entró y con paso lento y
callado avanzó por el pasillo, con los ojos
clavados en el clérigo. Tenía un cuerpo alto e
iba vestido con una túnica que le llegaba a los
pies, llevaba la cabeza descubierta, una
vaporosa cascada de cabello cano le caía
sobre los hombros y tenía la cara arrugada y
exageradamente pálida, casi fantasmal. Llenos
de asombro, todos le seguían con la mirada
mientras se encaminaba al altar en silencio y
sin pausa, hasta que se detuvo a la par del
clérigo y se quedó allí esperando de pie.
El clérigo, con los ojos cerrados, no se había
percatado de la presencia del extraño y
prosiguió con su oración conmovedora hasta
terminar con las siguientes palabras,
pronunciadas con gran fervor: «¡Bendice
nuestras almas, concédenos la victoria, Oh
Señor Nuestro, Dios, Padre y Protector de
nuestra tierra y nuestra bandera!».
El extraño le tocó el brazo y le hizo señas para
que se apartara -a lo que accedió el
desconcertado clérigo- y ocupó su lugar.
Durante unos momentos, con ojos solemnes
que emanaban una luz extraordinaria,
contempló detenidamente a la audiencia
embelesada. Entonces con una voz profunda
dijo: «Vengo del Trono. Soy portador de un
mensaje de Dios Todopoderoso». Las palabras
golpearon a la congregación como en un
seísmo; si el extraño lo percibió no hizo ningún
caso. «El ha escuchado la oración de Su
siervo, vuestro pastor, y se concederán sus
peticiones si ése es vuestro deseo después
que yo, Su mensajero, os haya explicado su
significado, es decir, todo su significado. Pues
sucede lo que en la mayoría de las oraciones
de los hombres; el que las pronuncia pide
mucho más de lo que es consciente, salvo que
se detenga y se ponga a meditar».
«Vuestro Siervo de Dios ha rezado su plegaria.
¿Ha reflexionado sobre lo que ha dicho? ¿Es
acaso una sola oración? No; son dos -una
pronunciada y la otra no-. Ambas han llegado a
los oídos de Aquel que escucha todas las
súplicas, tanto las anunciadas como las
guardadas en silencio. Ponderad esto y
guardadlo en la memoria. Si rezas una plegaria
en tu beneficio ¡ten cuidado! no sea que sin
querer invoques al mismo tiempo una maldición
sobre el vecino. Si rezas una oración para que
llueva sobre tu cosecha, mediante ese acto
quizá estés implorando que caiga una
maldición sobre la cosecha de alguno de tus
vecinos que probablemente no necesite agua y
resulte así dañada».
«Han escuchado la oración de vuestro siervo
-la parte enunciada-.Yo he sido encargado por
Dios para poner en palabras la otra parte,
aquélla que el pastor -al igual que ustedes en
sus corazones- rezaron en silencio. ¿Con
ignorancia y sin reflexionar? ¡Dios asegura que
así fue! Oísteis estas palabras: 'Concédenos la
victoria, Oh Señor Nuestro Dios'. Eso es
suficiente. La oración pronunciada está
íntimamente ligada a esas palabras fecundas.
No han sido necesarias las explicaciones.
Cuando habéis rezado por la victoria, habéis
rezado por las muchas consecuencias no
mencionadas que resultan de la victoria -debe
ser así y no se puede evitar-.El espíritu atento
de Dios Padre acogió también la parte no
pronunciada de la oración. Me encargó que la
expresara con palabras. ¡Escuchad!».
«Oh Señor, nuestro Padre, nuestros jóvenes
patriotas, ídolos de nuestros corazones, salen a
batallar. ¡Mantente cerca de ellos! Con ellos
partimos también nosotros -en espíritu- dejando
atrás la dulce paz de nuestros hogares para
aniquilar al enemigo. ¡Oh Señor nuestro Dios,
ayúdanos a destrozar a sus soldados y
convertirlos en despojos sangrientos con
nuestros disparos; ayúdanos a cubrir sus
campos resplandecientes con la palidez de sus
patriotas muertos; ayúdanos a ahogar el trueno
de sus cañones con los quejidos de sus heridos
que se retuercen de dolor, ayúdanos a destruir
sus humildes viviendas con un huracán de
fuego; ayúdanos a acongojar los corazones de
sus viudas inofensivas con aflicción
inconsolable; ayúdanos a echarlas de sus
casas con sus niñitos para que deambulen
desvalidos por la devastación de su tierra
desolada, vestidos con harapos, hambrientos y
sedientos, a merced de las llamas del sol de
verano y los vientos helados del invierno,
quebrados en espíritu, agotados por las
penurias, te imploramos que tengan por refugio
la tumba que se les niega -por el bien de
nosotros que te adoramos, Señor-, acaba con
sus esperanzas, arruina sus vidas, prolonga su
amargo peregrinaje, haz que su andar sea una
carga, inunda su camino con sus lágrimas, tiñe
la nieve blanca con la sangre de las heridas de
sus pies! Se lo pedimos, animados por el amor,
a Aquel quien es Fuente de Amor, sempiterno y
seguro refugio y amigo de todos aquellos que
padecen. A El, humildes y contritos, pedimos
Su ayuda. Amén».
(Después de una pausa)
«Así es como lo habéis rezado. ¡Si todavía lo
deseáis, hablad! El mensajero del Altísimo
aguarda».
Más tarde se creyó que el hombre era un
lunático porque no tenía sentido nada de lo que
había dicho.
Traducción de Pilar Hortelano.

1/9/08

HONGOS DE YUGGOTH (poemas de horror cósmico) de H. P. LOVECRAFT

AZATHOTH

El demonio me llevó por el vacío sin sentido
más allá de los brillantes enjambres del espacio dimensional,
hasta que no se extendió ante mí ni tiempo ni materia
sino sólo el Caos, sin forma ni lugar.
Allí el inmenso Señor de Todo murmuraba en la oscuridad
cosas que había soñado pero que no podía entender,
mientras a su lado murciélagos informes se agitaban y revoloteaban
en vórtices idiotas atravesados por haces de luz.
Bailaban locamente al tenue compás gimiente
de una flauta cascada que sostenía una zarpa monstruosa,
de donde brotaban las ondas sin objeto que al mezclarse al azar
dictan a cada frágil cosmos su ley eterna.
"Yo soy Su mensajero", dijo el demonio,
mientras golpeaba con desprecio la cabeza de su Amo

31/8/08

EDGAR ALLAN POE



EL CUERVO

(fragmento final)


XVIII


Y el cuervo inmóvil, fúnebre y adusto

sigue siempre de Palas sobre el busto

y bajo mi fanal,

proyecta mancha lúgubre en la alfombra

y su mirada de demonio asombra...

¡Ay! ¿Mi alma enlutada de su sombra se librará?

¡Jamás!

RAINER MARÍA RILKE



PRIMERA ELEGÍA DEL DUINO

(fragmento)


¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes angélicas?

Y aun si de repente algún ángel me apretara contra su corazón,

me suprimiría su existencia más fuerte.

Pues la belleza no es nada sino el principio de lo terrible,

lo que somos apenas capaces de soportar,

lo que sólo admiramos porque serenamente

desdeña destrozarnos.

Todo ángel es terrible.

RAINER MARÍA RILKE



DER PANTHER


Su mirada se ha cansado de tanto observar

esos barrotes ante sí, en desfile incesante,

que nada más podría entrar ya en ella.

Le parece que sólo hay miles de barrotes

y que detrás de ellos ningún mundo existe.


Mientras avanza dibujando una y otra vez

con sus pisadas círculos estrechos,

el movimiento de sus patas hábiles y suaves

va mostrando una rotunda danza,

en torno a un centro en el que sigue alerta

una imponente voluntad.


Sólo a veces, permite en silencio,

la apertura de los cortinajes que ocultaban sus pupilas;

y cruza una imagen hacia adentro,

se desliza a través de los tensos músculos

cae en su corazón, se desvanece y muere.

RAINER MARÍA RILKE


CANCIÓN DE AMOR


¿Cómo sujetar mi alma para

que no roce la tuya?

¿Cómo debo elevarla

hasta las otras cosas, sobre ti?

Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,

en un rincón extraño y mudo

donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.


Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,

nos une, como un golpe de arco,

que una sola voz arranca de dos cuerdas.

¿En qué instrumento nos tensaron?

¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?

¡Oh, dulce canto!

WILLIAM BLAKE


Yo vi una capilla toda ella de oro

Donde ninguno osaba entrar,

Y afuera una multitud aguardaba llorando,

llorando, de luto y adorando.


Vi una serpiente elevarse

entre los pilares blancos del pórtico

Y forzó, forzó y forzó,

hasta arrancar las bisagras de oro


Y sobre las dulces losas

incrustadas de perlas y rubíes brillantes

se estiró con toda su largura viscosa

hasta llegar encima del ara blanca.

Vomitando su veneno

Sobre el pan y el vino.

Y entonces entré en una pocilga

y me tumbé entre los cerdos.